Hardik Dewra

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Qué cambia cuando la landing page es para SaaS en vez de ecommerce

Una página SaaS vende algo que no puedes fotografiar, a un equipo, y el dinero llega semanas después. Siete cosas que cambiar si vienes de ecommerce.

Un producto SaaS no tiene nada que puedas fotografiar

Una página de ecommerce mete el producto en el encuadre y ya lleva medio camino. Una página SaaS no tiene ningún objeto que enseñar. Lo más parecido es la interfaz, así que la foto del hero pasa a ser una pantalla real del producto, con etiquetas reales y datos creíbles dentro. Los paneles borrosos y las formas abstractas no le dicen nada al visitante. Enseña la única pantalla donde ocurre el valor: el informe, la bandeja de entrada, el calendario que dejó de duplicar reservas.

La decisión la toma más de una persona

Una vela de 40 libras la compra quien está leyendo la página. Una herramienta de 900 libras al mes la compra un equipo. Alguien la encuentra y luego manda el enlace a un responsable, a un desarrollador y muchas veces a finanzas. Así que la página tiene que aguantar que la reenvíen sin contexto. Pon arriba la explicación en lenguaje normal de qué hace, mantén una página de precios que cargue sola, y deja fácil de encontrar un enlace de seguridad o de documentación.

La conversión que optimizas se mueve más adelante

El ecommerce cierra en la misma sesión. El dinero llega en el checkout y puedes leer el resultado esa misma tarde. El SaaS pide una prueba, una demo o un plan gratis, y el dinero aparece semanas después. Así que la página debería encoger el primer paso, y por eso «empieza gratis, sin tarjeta» gana a «compra ahora». También significa que no puedes juzgar la página solo por los registros. Mide de registro a activación y a pago, o vas a optimizar por registros baratos que nunca pagan.

Las objeciones cambian por completo

Los plazos de envío, las tallas y las devoluciones desaparecen. Lo que llega en su lugar pesa más. ¿Se conecta con las herramientas que ya usamos? ¿Cuánto tarda mover nuestros datos? ¿Quién más de nuestro sector lo usa? ¿Qué pasa con nuestros datos si nos vamos? ¿Hay una persona de verdad con quien hablar la primera semana? Una página SaaS que responde a integraciones, migración y seguridad en frases claras gana a una página más bonita que se las salta.

El precio deja de ser un número y pasa a ser una sección

En una ficha de producto, el precio es una línea al lado del botón. En una página SaaS, los precios son una sección a la que la gente baja a propósito, a veces antes de leer nada más. Necesita planes, qué los separa, si se factura por usuario o por uso, y un selector de mensual a anual. Esconderlo todo detrás de «contactar con ventas» deja fuera a los compradores autónomos que habrían pagado sin llamada. Si tienes que cerrarlo, enseña un precio de partida.

Las pruebas cambian de forma

Las valoraciones con estrellas y las fotos de clientes sostienen una página de ecommerce. Quien compra software quiere otro tipo de evidencia: empresas con nombre, un caso con un número dentro, los logos de las integraciones que ya usa, y una página de seguridad que pueda mandar a su equipo de IT. Una sola historia de cliente con un resultado concreto, de una empresa que se parece a la suya, trabaja más que un muro de reseñas anónimas de cinco estrellas.

Qué se queda exactamente igual

Lo básico no se mueve. Una oferta por página. Un titular que encaja con lo que el visitante pulsó para llegar. Una acción principal, repetida según se baja. Carga rápida en móvil, porque de ahí vienen casi todos los clics de anuncios. Las pruebas colocadas al lado de la afirmación que sostienen, en vez de aparcadas en una tira de testimonios al final. La categoría cambia el contenido de una landing page. No cambia la disciplina que hay detrás.